EL CRUCIGRAMA DE JACOB

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NOVELA HISTÓRICA. 520 PÁGINAS.

Las casualidades no existen, al menos yo hace tiempo que no creo en ellas. Todo tiene su razón de ser, su porqué, conocido o ignorado. Me tentaba decir que esta novela llegó a mí por casualidad pero, aunque ignore la razón, sé que no fue así. Ella vino a mí, no formé parte activa de su búsqueda como en otras ocasiones, gracias a una información que alguien compartió acerca de un documental que se está haciendo en base a ella. Mi primer pensamiento… “Antes del documental inevitablemente ha de ir el libro”. Con cero referencias llamé a la librería y lo reservé antes de que se me escapara. Sabía que iba a ser un acierto.

Nos situamos en 1492. Un año trascendental en nuestra historia, en el que parece que se quisieran dar cita un sinfín de hitos históricos. Entre ellos, la expulsión de los judíos, que es el motor de arranque de la novela.

Isaac Ben Yehudá es consejero del rey y desde su posición tiene información privilegiada acerca de la expulsión. No lo duda, y antes de que se haga oficial manda una advertencia encriptada a miembros de su hermandad para que tomen las medidas necesarias ante este hecho. Aquí llegamos a un dato curioso, y es que uno de los receptores de la misiva vive en Oviedo. Parece que las juderías hayan sido cosa más del sur, sin embargo, también existieron en el norte. La recepción del aviso desata una serie de acontecimientos que llenarán las páginas del libro de mil aventuras. Tramas paralelas que nos llevan de un lado a otro, principalmente a algunos tramos del camino primitivo de Santiago.

La búsqueda de una reliquia esencial para los judíos, aquella piedra de Jacob que contenía el nombre verdadero de Dios, llevará a Isaac y a Aviraz a un cambio de rumbo en sus vidas. Tendrán que madurar de repente y vivir experiencias que jamás hubieran imaginado, descubrirán el sentido de sus existencias en un “darse” a los demás. Deberán ir juntos en la búsqueda, pero la vida los separará y cada uno por su lado, irán encontrando el sentido de la misión que se les encomendó. Ayudados de un pergamino que contiene unos símbolos casi indescifrables y con ayuda de la cábala, tendrán que ir desentrañando el misterio, que no es otro que el lugar donde se halla la reliquia que deben encontrar antes de abandonar Sefarad. Ambos llevan en la mochila una lista innumerable de enseñanzas de sus mayores, que a lo largo de su trayectoria recordarán en los momentos difíciles.

“Los seres humanos somos los únicos patanes del planeta que nos compadecemos continuamente –le comentaba Benavides-. Un pájaro se cae del nido e intenta volver a él. No se queda sollozando en el suelo, sintiéndose un desgraciado y lamentándose de su mala suerte.”

“Si quieres saber quién es alguien de verdad, solo hay dos momentos que lo indican: cómo actúa en momentos de crisis y cómo usa el poder que tiene. Las personas que no son íntegras suelen perder los papeles”.

“Yo te puedo transmitir conocimientos, pero sólo tú podrás desarrollar sabiduría caminando por la vida”

Todo este entramado hace que la intriga sea un ingrediente siempre presente en la novela, con unos personajes que despiertan mil emociones y unos escenarios que, tratándose de mi amada Asturias y siendo asturiana la escritora, no podían menos que ser cuasi perfectos (y solo porque la perfección no es de este mundo). Personalmente me fascinó encontrarme leyendo descripciones de lugares por los que he pasado y en los que he estado que, aunque hayan cambiado con el paso de los siglos, no es difícil imaginar cómo debieron ser. Y si se trata de piedras, ahí está el puente de Peñaflor o el monasterio de Cornellana recordándonos que el paso del tiempo no ha podido con ellos. Es emocionante imaginar a los protagonistas de la historia pasando por el puente por el pasé decenas de veces en mi infancia y juventud.

Ana L. Martín, en su primer libro (espero que haya más) recurre a la documentación histórica para escribirlo, rellenando las lagunas con ficción, pero teniendo en cuenta cuáles serían los hechos más probables en base a esa documentación para no caer en el anacronismo.

Recorreremos con Isaac, Aviraz, Ama y Martín, Pelayo… algunas de las etapas del camino primitivo de Santiago que ya habría recorrido siglos antes aquél primer peregrino, Alfonso II el Casto. Viviremos aventuras y nos sumergiremos en el final de un S. XV convulso para los judíos, aquellos habitantes de Sefarad que tuvieron que abandonar su tierra dejando sus raíces y su historia. A pesar de todo, miles de sefarditas en la diáspora siguen conservando las costumbres e incluso la lengua de los antepasados que un día vivieron en Sefarad.

¡FELICES LECTURAS!

Mónica Huerta Barbón

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EL FINAL DE LOS TIEMPOS

Resultado de imagen de EL FINAL DE LOS TIEMPOS SEKOTIA ESPARZA

NOVELA CONTEMPORÁNEA. 749 PÁGINAS.

  Nos encontramos con la reedición en un tomo de dos libros que fueron editados hace más de doce  años, revisados y con una parte inédita “Cartas de Román” que sirven de unión entre los dos tomos iniciales y en los que quizá pueda verse al Esparza más  maduro, con la experiencia del que ha  escrito mucho en las casi dos décadas desde que escribiera ésta, su primera novela.

    Los que hemos conocido a Esparza leyendo Historia es posible que nos hayamos sorprendido con esta “nueva” entrega. ¿Una novela futurista? No me parece; he visto mucho del presente en ella. Quizá en el momento de escribirla, en su primera edición sí  hubiera podido parecerlo más, pero la humanidad ha tomado el camino que el Final de los Tiempos ha ido describiendo. Podría ser más bien el marco de una civilización o una ciudad simbólica, donde nuestra sociedad, la de este 2018 se vería reflejada. Posiblemente  sólo haya que abrir un poquito los ojos para descubrirlo.

  Cosmópolis es el simbolismo de una sociedad  aparentemente moderna, tecnológica, pero en la que si excavamos un poquito y quitamos la capa superficial y aparente, podremos descubrir la decadencia, la falta de humanidad, la ausencia de espíritu, el caos… Como dice la sinopsis: “En un paisaje sin Dios ni identidad, el dinero y la técnica imponen su dominio. La religión es un sucedáneo y la democracia una pantomima”.  El marqués de Tamarón lo describe muy bien en el prólogo: “una alegoría política del presente y barrunto del futuro, y un relato de aventuras, y una historia de amor, y una descripción, a veces cómica, de la estupidez suicida del género humano, (…) una búsqueda de lo sagrado”.

  En Cosmópolis hay  mucha, mucha tecnología. Y  poder, ese poder que recuerda la época feudal en la que el rey tenía en su cetro el simbolismo del dominio de todo el reino. Aquí el reino se limita a una ciudad, porque fuera de ella no hay casi nada, y esta ciudad se halla amurallada igual que aquellas del Medievo. El control de toda la ciudad se encuentra  en la Pirámide y desde allí se dirige todo, TODO.  Tal es así que leyendo el principio de la novela, el lector no podrá dejar de recordar aquel 1984 de Orwell. Se anuló lo anterior, se borró la Historia, se eliminó la religión para crear una nueva que nada tiene que ver con  el espíritu… Talmente parece el final de los tiempos. Un final de los tiempos en el que es imposible eliminar el dolor, ése que obsesiona a todo Cosmópolis,  porque en una sociedad tan material tratan de encontrar la solución precisamente en la materia, ignorantes de que la causa del dolor no está en ésta sino en el espíritu, o más bien en la ausencia del  mismo.

  “Es Dolor –contestó el Nuncio rebelde- aquello que lacera el alma e impide ver con claridad el horizonte de la vida. Es Dolor aquello que nos hunde en la melancolía y nos paraliza. Es Dolor aquello que nos hace sentirnos arrojados en un mundo sin sentido”.

  Sin embargo, como dijo  Gilbert Keith Chesterton, “A cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje  de ir contracorriente”. Y eso ocurrió también en Cosmópolis. Personas que no creyeron en la tecnología como fin, que sí vieron el espíritu presente en la humanidad.  Pero… ¿podrán un puñado de personas quebrar  el “equilibrio” de una civilización deshumanizada?

  “Lo que tenemos enfrente es una cultura de la muerte: nuestros subversivos defienden que se mate a los hijos en el útero y que se suprima la vida de los ancianos inútiles y de los enfermos incurables. Todo eso lo anuncian con un himno de libertad y nos exigen que proporcionemos los medios técnicos para ejecutar el programa. Nosotros poseemos, en efecto, esos medios, pero nos hemos resistido a aceptar unas reclamaciones que juzgamos contrarias al sentido mismo de la vida”.

  El final de los Tiempos tiene un fondo con una realidad a la que fatalmente nos parecemos, quizá cada día más; envuelto en una elaborada trama que consigue captar y atraer de forma permanente la atención del lector, una trama con intrigas, con una historia de amor, con personajes que, pese a lo ficticio del escenario, son fáciles de imaginar en nuestro presente.

“El final de los tiempos  (…) no se medirá con relojes humanos. Es otra cosa. Hará que la tierra se conmueva sobre sus cimientos; pero, esta vez, no para aniquilarse, sino para revivir”.

 

  “El poder construyó su Pirámide sobre los escombros de la palabra libertad“. Así comienza, y poco a poco uno se va introduciendo en la historia, poco a poco el lector va conociendo los personajes, “viviendo” en Cosmópolis, asombrándose con el parecido a lo que vemos hoy en día al asomarnos a los noticiarios u observando un poco a nuestro alrededor.  Con el paso de las páginas la intriga crece, y a medida que avanza el libro aumenta el enganche, ése que a los lectores nos atrapa sin remedio.

 Fue el inicio de un Esparza escritor, que desde ésta, su primera novela,  ha cautivado a tantos y tantos lectores, entre ellos, una servidora.

¡FELICES LECTURAS!

Mónica Huerta  Barbón

 

MADRID, DE CORTE A CHECA

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NOVELA CONTEMPORÁNEA. 414 PÁGINAS.

Llegué a este libro a través de un artículo que hablaba de su autor. (https://gaceta.es/espana/agustin-foxa-conde-maldito-20171224-1134/). Me pareció en ese momento que no podía dejar de leerlo, que hacerlo sería dejar escapar la oportunidad de conocer una pequeña parte de nuestra Historia, contada por alguien que la vivió en primera persona; quizá como aquellas historias que me contaba mi abuelo (nacido en 1907, DEP) de su época militar en la que desfiló ante Alfonso XIII en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 o de la misma guerra civil. Desde luego, nadie mejor que los protagonistas de los acontecimientos para narrar lo que realmente aconteció. En este caso, eso se hace notar en la autenticidad de los hechos y los personajes, teniendo en cuenta que la tercera parte del libro fue escrita en tiempo real.

Madrid, de corte a checa” está considerada como una de las “obras más importantes de la literatura española contemporánea”. Tras numerosas ediciones, en 2001 fue seleccionada por el diario El Mundo como una de las mejores novelas en castellano del S.XX.

El libro se compone de tres partes y en cada una de ellas se relata un episodio histórico: FLORES DE LIS (en la que veremos la caída de la monarquía y las elecciones de 1931). HIMNO DE RIEGO (donde describe la segunda república y la sovietización de la capital),

Rusia robaba las almas y alzaba unos hombres sin espíritu, a unos muertos de pie, sonámbulos, contra sus propios hermanos”.

LA HOZ Y EL MARTILLO (relatos de los primeros meses de la guerra civil). El protagonista de la historia es José Félix, un joven universitario al inicio del libro que irá cambiando desde la rebeldía universitaria ligada a la revolución hasta abrazar el falangismo. José Félix nos llevará por las calles de Madrid en esos momentos trascendentales de nuestra historia. Junto a él y sus amigos conoceremos lo mejor y lo peor de los seres humanos, esas características que siempre salen a relucir en los momentos más duros de la existencia, en los que cada cual saca lo que lleva en lo más hondo. En el ambiente de revolución, de guerra… nuestro protagonista va madurando a medida que ocurren los acontecimientos. Enamorado desde su época universitaria verá como su amor es alejado de él por ese ambiente de intolerancia. En esa evolución como persona va descubriendo los verdaderos valores en sí mismo y en los demás. A través de sus ojos (quizá los mismos que los de Foxá) vamos viendo instantáneas de la época, y no sólo de aquello que sería capaz de captar una máquina fotográfica, sino también de lo que serían capaces de ver los ojos del alma: vemos los eternos opuestos –la bondad y la maldad- , el amor y el odio, la amistad y la insolidaridad, la entrega y el egoísmo… En esas condiciones extremas aflora siempre lo mejor y lo peor de la condición humana. Acaso sean pruebas de la vida para hacernos ver hasta dónde somos capaces de llegar, para el bien o para el mal.

Asistiremos a hechos históricos como el asesinato de Calvo Sotelo, a redadas, detenciones, asesinatos… Viviremos un ambiente agobiante donde está prohibido decir “Adiós”, quizá por esa alusión a lo divino, y en el que el saludo oficial se convierte en un “Salud”.

Era el símbolo de los mediocres en la hora gloriosa de la revancha”

Es casi imposible no sentir, en algún momento, rabia e indignación ante la brutalidad de los milicianos venidos a más (ya dice el sabio refranero español: “No sirvas a quien antes sirvió”). El odio es palpable en cada esquina.

No les desarmaba el pudor, ni la belleza, ni la valentía. Eran fuerzas telúricas o abismales, sueños prehistóricos que resucitaban. Y un odio químicamente puro. (…) Algo satánico animaba a aquellos hombres. Parecían un caso colectivo de posesión diabólica. (…) El instinto del mal les daba agudeza”.

Ya no caían sólo los falangistas, los sacerdotes, los militares, los aristócratas. Ya la ola de sangre llegaba hasta los burgueses pacíficos, a los empleadillos de 30 duros y a los obreros no sindicados. Se fusilaba por todo, por ser de Navarra, por tener cara de fascista, por simple antipatía”.

Y ante todo esto… la fe, la valentía, la esperanza, la resistencia, el honor…

El Alcázar era una isla de fe y de honor en medio de aquel mar de hoces y martillos, de trapos rojos y amenazas”.

Un libro apasionante, un retrato de un retazo de nuestra Historia contado por un testigo tal y como él lo vivió. Personajes reales y ficticios que se unen para hacernos viajar e introducirnos en ese Madrid del siglo pasado, un Madrid en convulsión donde para muchos vivir cada día se convirtió en un mero “sobrevivir”.

Un libro imprescindible.

¡FELICES LECTURAS!

Mónica H. Barbón

EL INGENIERO QUE NO SABÍA BAILAR

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NOVELA CONTEMPORÁNEA. 379 PÁGINAS.

  Éste no es el típico  libro que uno se va a encontrar dándose un paseo por la librería, principalmente porque  es el debut del autor y ha optado por la autoedición en Amazon (https://www.amazon.es/El-ingeniero-que-sab%C3%ADa-bailar/dp/1548340952/ref=sr_1_fkmr0_1?s=books&ie=UTF8&qid=1510431845&sr=1-1-fkmr0&keywords=el+ingeniero+que+no+sabia+bailar ).

   Yo llegué a él a través de una amistad común. Tuve la fortuna de ser “lectora cero”. Jesús Álvarez consiguió algo inaudito en mí: que leyera un libro en el móvil. El enganche fue tal que lo acabé antes de que me diera tiempo a imprimirlo.

  “El ingeniero que no sabía bailar” es un libro basado en un hecho real ocurrido en Sevilla. Nos cuenta la historia de Álvaro, un ingeniero ya en el quinto decenio de su vida que a causa de la crisis se queda en el paro. Esta situación le llevará a otras que se van encadenando hasta llegar al comedor social de la Orden de  San Juan de Dios. A partir de este momento conocerá  un mundo paralelo al que hasta ahora él estaba acostumbrado, un mundo de vidas rotas, de miserias, pero también de compañerismo, de amistad, de segundas oportunidades… Conocerá el odio de un grupo de adolescentes que atacan a los indigentes, la amistad de un violinista que toca en la calle, la generosidad de personas que dan a los demás sin esperar nada a cambio, como el dentista o el fontanero que hacen su trabajo gratis para aquellos que no tienen recursos, o la farmaceútica que le da las medicinas de forma altruista. Álvaro va a conocer la cara y la cruz de su nueva situación.

  Pero sobre todo, lo que va a experimentar es un cambio de visión y un aprendizaje.

“El comedor social le había abierto los ojos: es verdad que estaba arruinado, que no encontraba trabajo, que en su casa no podía poner la calefacción y que su frigorífico daba pena verlo, pero ahora veía cosas que no veía antes.”

  Jesús Álvarez  (periodista del ABC de Sevilla) ha demostrado en su primer libro una gran calidad literaria. La trama es magnífica, incluyendo una parte policíaca brillante.  Los escenarios, tan conocidos por él, están muy bien descritos; los personajes hacen que el lector  se emocione como si formaran parte de su vida. Es un libro dinámico, ameno, que se empieza y no se puede dejar.

  También ha demostrado  una gran sensibilidad al tratar el tema de la crisis y la indigencia y un afinado espíritu crítico a la hora de tratar temas sociales de actualidad como la sanidad, la corrupción, el descrédito de la política… y otros sucesos que a cualquier sevillano le resultarán cercanos y conocidos.

     Álvaro, el ingeniero, abrió sus ojos en el comedor social, pero también consiguió,  en  la pluma de Jesús Álvarez, que yo abriera un poco los míos a una realidad desconocida. Al final, es lo que busco en un libro: no sólo entretenimiento sino  también algún aprendizaje.  Ésa es la magia de la lectura. Con Álvaro viajé a Sevilla, recorrí sus calles, conocí a personas que lo han perdido todo, descubrí su lucha por sobrevivir en un mundo que les dio la espalda y en medio de ese mundo, conocí  la generosidad de hombres y mujeres que se vuelcan con aquellos que más lo necesitan. Aprendí a valorar más si cabe,  el hecho de tener un hogar con todo lo que ello conlleva y comprobé que las segundas oportunidades se pueden alcanzar siempre que uno no se rinda.

¡Gracias Jesús por tanto! Espero los siguientes…

¡FELICES LECTURAS!

Mónica Huerta Barbón

PATRIA. Fernando Aramburu.

 https://i0.wp.com/cultura.elpais.com/cultura/imagenes/2016/08/29/babelia/1472488716_680855_1472488717_535971_sumario_grande.jpgNOVELA CONTEMPORÁNEA. 648 PÁGINAS.

  La recomendación de PATRIA me llegó por varios frentes al mismo tiempo. Todos decían lo mismo: “tienes que leerlo”. Y todos acertaron, tenía que leerlo. Pienso que deberían leerlo todos los españoles que en algún momento de su vida coexistieron con este gran problema de nuestro país.

  Un amigo me envió un comentario. Me ha parecido que yo no podría expresar mejor lo que sentí al leer PATRIA: la soledad de las víctimas, la cobardía de los que miraban hacia otro lado, y también la valentía de los que se enfrentaban a la dura realidad, la valentía de los que no comulgaban con lo que estaba pasando aunque les fuera la vida en ello (nunca mejor dicho). La valentía de los que lucharon (y lo siguen haciendo) porque se hiciera justicia en todos los sentidos.

Dejo  el comentario de mi amigo anónimo. Le doy las gracias desde aquí por dedicar su tiempo y su esfuerzo para “alimentar” mi blog (aunque en principio no fuera pensado así). ¡Gracias!

Lo que me gustó de Patria es que veía reflejado lo que siempre pensé que era aquello, algo de lo que los telediarios, los periódicos, y, por supuesto, los políticos, no hablaban jamás: la soledad de las víctimas.

Y con víctimas no me refiero en este caso a los asesinados, obviamente. Me refiero a los que eran elegidos como objetivo (qué eufemismo tan abyecto), y a sus familias. En esos pueblos donde todos se conocen, tan pequeños pero casi con estructura urbana, si tu nombre aparecía en un cartel, pintado en un muro, no hablemos ya si aparecía dentro de una diana, te convertías en un leproso, un apestado, un reo de muerte al que ninguna “última voluntad” le era concedida. Sencillamente, dejabas de existir para la comunidad. Mejor dicho, dejabas de existir para aquellos que supuestamente te apreciaban, eran tus amigos, o, te saludaban al pasar –para los demás, para los cachorros de ETA era el comienzo de la caza-.

Volver la mirada, cruzarse de acera, y los más valientes ¡qué valientes!, una llamada intempestiva a casa para decirte, chico, entiéndelo, no es que piense como ellos, no, no, para nada, pero ya sabes cómo está la cosa, oye, mucho ánimo, ¡agur!

Y cuando te quedabas, echando un valor que los demás jamás tuvieron, estabas solo, en la soledad más insolidaria e inhumana. Hasta que te asesinaban. Y entonces iban a tu viuda no a consolarla, sino a decirle que mejor se fuera, que verla pasear por el pueblo o ir a hacer la compra era una provocación, que creaba mal ambiente en el pueblo. Y los cachorros, a recordarle que tenía que devolver antes de irse la bala con la que le habían volado los sesos al marido, ¡que se la había quedao el muy cabrón!

Para mí, la sociedad vasca es profundamente cobarde: no sé cómo serán las demás, pero esa lo fue. Cobarde, miserable, ruin. “Algo habrá hecho”, era la frase cómoda que justificaba su cobardía cada vez que había un atentado o que se señalaba a alguien. Una sociedad que permitió la persecución y el acoso de los que no eran nacionalistas”.

¡FELICES LECTURAS!

Mónica H. Barbón