LA CRUZADA DEL OCÉANO. José Javier Esparza.

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ENSAYO HISTORIA. 636 PÁGINAS.

 

  Antes de meterme de lleno en la materia tengo que decir que este relato me dejó realmente asombrada. Creo que es mucho el desconocimiento que hay en este tema, mucha Historia mal contada y mucha leyenda negra. Como dijo J. Pérez-Foncea “los españoles conocemos poco nuestra Historia, y la poca que conocemos es la que nos han contado nuestros enemigos”. Es una frase que me quedó grabada a fuego, y cuanto más leo acerca de esa nuestra Historia, más me doy cuenta de la verdad que encierran esas palabras. La lectura de este libro es una muestra de ello.

  Un libro muy bien documentado, que cuenta las cosas como fueron y que, si no hay datos fehacientes, se menciona llanamente este hecho, pudiendo en algún caso, intentar llenar las pequeñas lagunas  con la explicación que podría ser más lógica, pero sin afirmar certezas que no son. Una gran humildad la de este autor.

    En  La Gaceta (16-Enero-2015) leí un artículo acerca de este libro  con el que estoy completamente de acuerdo y que quiero compartir:

  “Vuelve José Javier Esparza (…) a enseñar a sus compatriotas, tan acostumbrados al ridículo lujo moral de escupir sobre la propia Historia, como España, la Patria que han olvidado, escribió sobre los mapas del mundo la gesta más prodigiosa de la Humanidad desde que Rómulo y Remo trazaron el pomerium de Roma”

 

  Ensayo, sí, pero que se lee casi como una novela. Esparza nos cuenta las hazañas de tantos y tantos hombres que con su vida cambiaron la Historia,  de una forma amena, relatando con maestría y en ocasiones con gran sentido del humor, unos hechos que hicieron que el mundo sea como hoy lo conocemos.

  ¿Cruzada? Pues es realmente lo que fue, una misión para la Cruz. Cristóbal Colón, convencido de que se podía llegar a las islas de las especias por el oeste (ya que las rutas del Mediterráneo estaban cerradas  desde que los turcos habían tomado Constantinopla), no cejó en su empeño buscando los permisos necesarios para iniciar esa aventura. Y llegó a La Española después de muchos avatares. Y se encontró con indígenas, salvajes,  al modo de ver de los europeos, pero personas. Colón volvió y contó lo que había visto, y ahí se inició la andadura. No había encontrado las islas de las especias, sin duda habría que seguir buscando, pero encontró una tierra nueva con seres diferentes.  Unos seres que, de manera incomprensible para la época y por primera vez en la Historia de la Humanidad, estaba prohibido esclavizar. ¿Por qué? Porque España era un país católico, porque Isabel en su testamento y un codicilo posterior lo dejó muy claro: los indios de las tierras descubiertas no podían ser esclavos, tenían que ser considerados como súdbitos de la corona; por primera vez se consideraba la dignidad del ser humano.  Este testamento iba a actuar como una guía para la conquista. Se mostraba la evangelización no como algo accidental o azaroso, sino como la “principal intención”. No iba a ser una guerra, iba a ser una CRUZADA. Por supuesto, los hombres son hombres, y como tales seres imperfectos. Y aparecerá “la ambición, la rapiña, la demencia del oro, la violencia…”. Pero el signo distintivo iba a ser el otro, el del respeto a los indígenas. Se buscaba, por encima, de todo la evangelización.

  Tal es así, que en 1550 tuvo lugar la Controversia de Valladolid, donde Carlos I ordena detener las conquistas hasta tener la certidumbre de que se está obrando conforme a la moral cristiana.

  ¿Y cómo pudo ser posible que unos centenares de hombres españoles pudieran conquistar, someter y evangelizar a medio continente? Porque los indios no vivían pacíficamente en un paraíso de la madre naturaleza hasta que llegaron los españoles y  devastaron todo lo que encontraron. Esto forma parte de la leyenda negra. Los amerindios vivían en guerras tribales que no cesaban. Había tribus que ostentaban el poder y otras tribus sometidas. Había tribus más pacíficas y otras completamente “salvajes” en la máxima extensión de la palabra, había tribus antropófagas, que se comían a sus propios hijos como tributo a los dioses. Los españoles, muy inteligentemente, supieron aprovechar estos conflictos intestinos entre tribus. Muchas de ellas se hicieron aliadas de los españoles porque estaban cansados de la dominación de las tribus gobernantes (mexicas, incas…) que eran crueles. Las tribus aliadas fueron de gran ayuda a los españoles.  Por otro lado, las religiones de los amerindios estaban íntimamente ligadas a la política, por lo que, una vez que las tribus gobernantes fueron vencidas ya no tenían sentido sus religiones. Abrazaron pues el cristianismo, entre otras cosas, porque el Bautismo los libraba de la esclavitud.

  ¿Y la Inquisición? Pues sólo se ocupaba de los españoles. A los indígenas se les consideraba neófitos en la fe por lo que no podían ser objeto de la justicia inquisitorial.

  Hubo muchísima mortalidad, por supuesto, de indios y de españoles. Hubo muchas batallas, muchas guerras, pero sobre todo, muchas enfermedades. Los causantes: los virus. Los nuestros morían de malaria y dengue, ellos de sarampión, peste porcina y viruela…

  Y la humanidad de los nuestros quiso combatirla. En el epílogo Esparza nos muestra como ocurrió la primera campaña médica internacional para combatir la viruela en América. Es sencillamente emotivo y digno de valorar. Toda una proeza que salvó la vida a millones de personas.

  Y el descubrimiento de América nos trajo más: construyó una expedición científica con el fin de realizar una investigación sobre su naturaleza. Hubo que clasificar: ordenar, organizar géneros, especies y familias. Francisco Hernández fue el pionero del saber experimental allá por el S.XVI.

  Una auténtica cruzada que cambió la Historia Universal.

  Desde mi humilde blog quiero ofrecer un pequeño homenaje a todos aquellos hombres y mujeres (que también hubo muchas y valientes) que lo hicieron posible: Cristóbal Colón, Vasco Núñez de Balboa, Ponce de León, Hernán Cortés, Magallanes, Elcano, Las Casas, Alvarado, Gil González Dávila, Diego de Almagro, Mendoza, Pedrarias, Belálcazar, la india Catalina, Jiménez de Quesada,  Cabeza de Vaca, Mencía Calderón, Juana de Zárate, Hernando de Soto, Coronado, Orellana, Diego de Rojas, Legazpi y Urdaneta, Isabel de Cendala y todas aquellas personas anónimas que con su vida hicieron que el mundo sea lo que hoy es.

  Y, por supuesto, agradecer infinitamente a José Javier Esparza, todos los conocimientos históricos que pone a nuestro alcance.

¡¡FELICES LECTURAS!!

Mónica H. Barbón

 

 

 

 

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LOS NIÑOS DE LA ESTRELLA AMARILLA. Mario Escobar.

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NOVELA CONTEMPORÁNEA. 336 PÁGINAS.

Cada generación atesora la esperanza de que el mundo vuelva a comenzar de nuevo”.

En este libro se cuenta la historia de dos hermanos que viven en París hasta que en plena segunda guerra mundial, una redada contra los judíos les cambia la vida. Su objetivo será reencontrarse con sus padres, y para ello tendrán que pasar mil vicisitudes recorriendo un sinfín de kilómetros.

Como su autor dice “Los niños de la estrella amarilla  es un canto al poder de la gente corriente por cambiar la realidad”. Y es algo que siempre he pensado: nuestras conductas no solo influyen en nosotros mismos, sino en gran medida en todas las personas que nos rodean, de forma directa o indirecta, seamos conscientes de ello o no. Jacob y Moisés vivirán la generosidad de los demás y también la maldad, y todo ello irá influyendo en sus vidas de manera notable. Solos, sin nadie a quién recurrir, tendrán que confiar en aquellos que les ofrecen la mano para intentar conseguir su objetivo.

Este libro habla de los lazos familiares; todas las acciones de estos hermanos irán encaminadas a reencontrarse con sus padres. Sueñan con un futuro en el que estén los cuatro juntos. También su amigo Joseph buscará a sus padres y preferirá el internamiento con ellos a la libertad en su ausencia.

La familia era mucho más que un grupo de personas unidas por lazos de sangre, era sobre todo el fino hilo que unía el presente y el pasado. Los recuerdos y la memoria mantenían unidos ambos mundos, por eso debían recordar. Mientras lo hicieran (…) sus padres siempre estarían a su lado”.

Pero sobre todo es una historia de generosidad, de servicio a los demás, de entrega y ayuda sin esperar nada a cambio, de poner nuestro granito de arena porque este mundo sea un poco mejor. Jacob y Moisés vivirán esa generosidad que marcará sus vidas.

Puede que este mundo esté cada vez más enloquecido, pero siempre encontraréis buenas personas en él, los corazones generosos abundan más de lo que creemos”.

La vida consiste en entregar tu alma a los parias de la tierra, a los que el mundo rechaza y les niega hasta el derecho a vivir”.

Es la historia de un pueblo, Le Chambon-sur-Lignon “donde unos pocos hombres y mujeres decidieron plantar cara al horror y demostrar que, con las armas del Espíritu, los corazones más nobles son capaces de vencer siempre y que las sombras del mal terminan por disiparse (…)”. y de un pastor protestante, André Trocmé, en pensamientos de Jacob: “un corazón pacífico y amoroso, con un tipo de valor muy difícil de encontrar entre los hombres y que él quería tener cuando creciera: el valor de estar dispuesto a morir por aquello que amas y ser capaz de amar hasta a tus enemigos”.

Una historia de tolerancia, de positivismo, de encontrar la felicidad en las pequeñas cosas de cada día, de valorar todo lo que se tiene. Una historia de lucha, donde no cabe rendirse. Dentro del horror de la guerra y de la maldad, una historia conmovedora de esperanza, de bondad, de humanidad, donde el bien vence al mal, donde el Espíritu del hombre es más fuerte que la vileza y la crueldad.

Una historia basada en un hecho real. Este pequeño pueblo de Francia alberga el museo donde se guardan los recuerdos de esas personas que consiguieron que unos niños tuvieran una vida digna y normalizada dentro de una guerra.

Sin duda, una historia que hay que leer para no perder la fe ni la esperanza en el ser humano.

¡¡FELICES LECTURAS!!

Mónica H. Barbón

PATRIA. Fernando Aramburu.

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  La recomendación de PATRIA me llegó por varios frentes al mismo tiempo. Todos decían lo mismo: “tienes que leerlo”. Y todos acertaron, tenía que leerlo. Pienso que deberían leerlo todos los españoles que en algún momento de su vida coexistieron con este gran problema de nuestro país.

  Un amigo me envió un comentario. Me ha parecido que yo no podría expresar mejor lo que sentí al leer PATRIA: la soledad de las víctimas, la cobardía de los que miraban hacia otro lado, y también la valentía de los que se enfrentaban a la dura realidad, la valentía de los que no comulgaban con lo que estaba pasando aunque les fuera la vida en ello (nunca mejor dicho). La valentía de los que lucharon (y lo siguen haciendo) porque se hiciera justicia en todos los sentidos.

Dejo  el comentario de mi amigo anónimo. Le doy las gracias desde aquí por dedicar su tiempo y su esfuerzo para “alimentar” mi blog (aunque en principio no fuera pensado así). ¡Gracias!

Lo que me gustó de Patria es que veía reflejado lo que siempre pensé que era aquello, algo de lo que los telediarios, los periódicos, y, por supuesto, los políticos, no hablaban jamás: la soledad de las víctimas.

Y con víctimas no me refiero en este caso a los asesinados, obviamente. Me refiero a los que eran elegidos como objetivo (qué eufemismo tan abyecto), y a sus familias. En esos pueblos donde todos se conocen, tan pequeños pero casi con estructura urbana, si tu nombre aparecía en un cartel, pintado en un muro, no hablemos ya si aparecía dentro de una diana, te convertías en un leproso, un apestado, un reo de muerte al que ninguna “última voluntad” le era concedida. Sencillamente, dejabas de existir para la comunidad. Mejor dicho, dejabas de existir para aquellos que supuestamente te apreciaban, eran tus amigos, o, te saludaban al pasar –para los demás, para los cachorros de ETA era el comienzo de la caza-.

Volver la mirada, cruzarse de acera, y los más valientes ¡qué valientes!, una llamada intempestiva a casa para decirte, chico, entiéndelo, no es que piense como ellos, no, no, para nada, pero ya sabes cómo está la cosa, oye, mucho ánimo, ¡agur!

Y cuando te quedabas, echando un valor que los demás jamás tuvieron, estabas solo, en la soledad más insolidaria e inhumana. Hasta que te asesinaban. Y entonces iban a tu viuda no a consolarla, sino a decirle que mejor se fuera, que verla pasear por el pueblo o ir a hacer la compra era una provocación, que creaba mal ambiente en el pueblo. Y los cachorros, a recordarle que tenía que devolver antes de irse la bala con la que le habían volado los sesos al marido, ¡que se la había quedao el muy cabrón!

Para mí, la sociedad vasca es profundamente cobarde: no sé cómo serán las demás, pero esa lo fue. Cobarde, miserable, ruin. “Algo habrá hecho”, era la frase cómoda que justificaba su cobardía cada vez que había un atentado o que se señalaba a alguien. Una sociedad que permitió la persecución y el acoso de los que no eran nacionalistas”.

¡FELICES LECTURAS!

Mónica H. Barbón

LAS VENTANAS DEL CIELO. Gonzalo Giner

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NOVELA HISTÓRICA Y DE AVENTURAS. 731 PÁGINAS.

Gonzalo Giner es otra de las apuestas seguras, uno de esos escritores que sé me va a hacer reír y llorar, que me va a introducir de lleno en la época que describe siendo yo misma la que pise esas calles y pasee por sus ciudades, la que navegue en las naos, la que se mueva por el desierto del norte de África… amando a unos personajes y odiando a otros… Y, sí, así fue.

Con “El sanador de caballos” conquistó a muchos, muchísimos lectores; con “El jinete del silencio” me cautivó y siguió cultivando mi sensibilidad hacia los caballos y en éste caso, a las idiosincrásicas características de su protagonista. Desde aquí los recomiendo a aquellos lectores que aún no los hayan leído.

LAS VENTANAS DEL CIELO nos lleva al S. XV, nos hace viajar primeramente a Burgos, donde la familia Covarrubias mantiene un rico negocio de lana, aquél “oro blanco” de las ovejas merinas trashumantes tan apreciado en Europa.

Fernando de Covarrubias tiene un hijo y un hijastro; sólo uno de ellos será la cabeza del negocio familiar cuando él lo abandone. A partir de aquí se irán viendo las personalidades de los dos hermanastros: la nobleza de uno y la ambición sin medida del otro, ambición que le llevará a engañar, robar, manipular y hasta maltratar.

La ambición, el dinero… serán los motores que lleven a traiciones, a mentiras familiares que harán que uno de los hermanastros tenga que huir cuando descubre la realidad. Será perseguido para que no pueda desvelar las maniobras de los manipuladores. Se hará marinero por casualidad y llegará a Terranova, donde los marineros vascos mantenían bastante en secreto un zona rica en ballenas y bacalaos. Conocerá la bondad y nobleza humanas en Obeko y sobre todo, en Azerwan, pero también la vida dura de aquellos que se pasan semanas, meses en alta mar; gente ruda, pero con un gran corazón.

Sentía que estaba aprendiendo a vivir, a exprimir el poco tiempo libre que le quedaba y a compartir sus agotadoras jornadas con una gente noble, ruda, sin duda de baja cultura, pero alegre, y sobre todo leal.

Un sueño le llevará a Ifriquiya y a  las salinas de Túnez, donde descubrirá que el fanatismo puede ser el mayor enemigo de ser humano, destrozando todo lo que encuentra a su paso,  y que la bondad no entiende de razas ni de religiones.

La vida en el desierto se ha movido desde el origen de los tiempos por unas leyes que llamamos Makarim. Leyes que se convierten en virtudes y caracterizan al pueblo beduino, como son la generosidad, la obediencia a los tuyos, la lealtad y equilibrio, asumir el desafío con firmeza y la paciencia en el infortunio.

Después de tanto viaje y gracias a un corazón sabio y noble descubrirá su verdadero don, la emoción de saber qué es aquello que debe  hacer en esta vida; sabrá al fin a qué quiere dedicar el resto de sus días, ya que, hasta entonces, había sido un alma “rebelde”. Rebelde porque no se ajustaba a lo que se esperaba de él, porque en su interior llevaba la llama del arte, que nada tenía que ver con el negocio para el que se supone que estaba destinado. Habrá descubierto lo que Ken Robinson llama “el elemento” (“esa facilidad natural para hacer una cosa; una comprensión instintiva de cómo funciona algo y cómo utilizarlo”). Y llegará al mundo de las vidrieras.

He asumido con renovada esperanza la realidad de que mi futuro va a depender de ahora en adelante de lo que yo pueda hacer y no de lo que los demás quieran que haga”

Demostrará su talento en este arte y los lectores, después de leer este libro, entraremos en las iglesias y catedrales fijándonos mucho más en sus vidrieras. Aprenderemos que…

Las vidrieras no se concibieron como un recurso estilístico más para adornar un templo. Si solo lo vemos así, nos equivocamos. Son las ventanas del cielo, la comunicación entre la divinidad y el hombre. Son el resplandor de la Verdad. Se idearon como un instrumento doctrinal para un pueblo que no sabía leer, eran biblias de vidrio”.

Nos enamoraremos de ese arte valorando todo el esfuerzo llevado a cabo desde que fueron tierra, pasaron por fuego y agua para ser parte del aire, para ser magia lumínica que sea capaz de inundar de sensaciones nuestro ser, que como dice Giner en “Nota del autor”:

(…) experimenta las sensaciones que producen. Si eres religioso, sin duda alguna te ayudarán a comunicarte con Dios durante unos minutos; para eso se hicieron. Y si no lo eres, déjate transportar por ellas. Quizá inicies un viaje al interior de ti mismo que llene tu corazón de paz, o quizá te conduzcan a un mundo que no hayas pisado todavía: el de la trascendencia”.

Con todo esto, Giner conseguirá una vez más que el libro sea una auténtica adicción. Durante el tiempo que me duró, lo llevé a todas partes a pesar de sus más de 700 páginas, no podía separarme de él. La documentación histórica es excelente, sobre todo la que concierne a la creación de los vitrales. Los escenarios están magníficamente descritos; los personajes sacarán toda tu gama de emociones y por momentos, muchos momentos, tendrás el corazón en un puño.

Gonzalo Giner se había puesto el listón muy alto, pero ha sabido superarlo con creces.

¡Enhorabuena Gonzalo!

¡¡FELICES LECTURAS!!

Mónica H. Barbón

LOS DEMONIOS DEL MAR. José Javier Esparza.

    Resultado de imagen de los demonios del mar esparzaNOVELA HISTÓRICA. 512 PÁGINAS.

Después del “El caballero del jabalí blanco” y de “El reino del norte” le tocaba el turno al tercero y último. Aunque desde mi humilde blog animo a José Javier Esparza a que continúe con la saga de los de Mena. Aún hay mucha historia que contar.

  “Ramiro reinó siete años. Fue Vara de la Justicia (…). Primeramente venció a Nepociano en el puente del Narcea, y así alcanzó el reino. En aquél tiempo los normandos vinieron por primera vez a Asturias”. CRÓNICA ALBELDENSE. 881 A.D.

  Nos  encontramos en el año 884 reinando Ramiro I tras haber pasado por muchos contratiempos para llegar donde ahora está, descrito perfectamente en el segundo volumen “El reino del norte”.

  Ramiro se enfrenta ahora como rey a un sinfín de problemas para mantener la serenidad y prosperidad en el reino. Por un lado la incipiente Reconquista: en las tierras de León (tierras de nadie) intentará reconstruir la ciudad como se había hecho ya en las tierras del valle de Mena. Nuevos pobladores que no tienen nada que perder seguirán al bueno y joven Gatón con la esperanza puesta en una nueva vida. Personas humildes, pero fuertes, con la energía que da la esperanza de conseguir el objetivo de reconquistar aquellas tierras, buscando la felicidad o lo que más se le parezca, que quizá se les escapó en su pasado. Conociendo su vulnerabilidad ante un ataque musulmán, siguen a Gatón y ponen en él toda su confianza. Son los colonos que harán posible la Reconquista.

“El motor de reino de Asturias no estaba en la corona ni en la espada del rey, sino en el corazón de sus gentes”.

  Además de los musulmanes, Ramiro tendrá que solucionar la contrariedad de los robos y asesinatos que están asolando el reino. Bandas que roban depósitos de grano, que saquean granjas y que asesinan a gentes de  bien… y todo ello en distintos puntos del reino.  ¡¿Cuántas veces Ramiro añoró su tranquila vida de Galicia antes de que Alfonso II el Casto lo hubiera elegido para ser su sucesor?!. Pero ahora era el rey y tenía que solucionar los problemas de su  reino.

   Y ha de resolver un  tercer problema   de no menor magnitud: la llegada de los demonios del mar. Los vikingos nunca habían llegado tan al sur, pero alguien les habló de las riquezas de un reino naciente en el norte y, sobre todo, del emirato del sur de la península. Ávidos de tales tesoros, feroces guerreros donde los haya arribaron primero a las costas de Gijón, siguieron a la torre de Hércules para descender por nuestra geografía hasta Lisboa, saqueando a su paso las rías de Pontevedra. Pero en Lisboa aún no verán saciada su sed de riquezas, sino que se adentrarán en el corazón del emirato llegando a Sevilla y Cádiz. ¿Qué pasará? ¿Quién vencerá? El libro dará las respuestas dejando al lector absorto en su trama, en la perfecta descripción de los escenarios y en las luchas y añagazas para conseguir la victoria.

 Mientras, en el norte a la par que se intentan colonizar nuevos territorios y se procuran solucionar los inquietantes problemas de las bandas de ladrones y asesinos, se va construyendo una nueva ciudad extramuros de Oviedo; ciudad Naranco.

“El rey Fruela levantó esta ciudad por amor a su esposa doña Munia. El rey Alfonso la convirtió en un tesoro por amor a Dios y al reino. Yo, también rey, crearé en este monte un nuevo paraíso, una ciudadela de iglesias y palacios, y lo haré por amor a mi esposa doña Paterna. Pasarán los años, pasarán las generaciones, pasarán los siglos, y el mundo seguirá hablando de los monumentos que el rey Ramiro de Asturias elevó en el monte Naranco.

  Paterna, la reina, huye de sus luchas internas refugiándose en la dirección de esas monumentales construcciones que han llegado a nuestros días y son una joya del prerrománico asturiano.

  Mezclando historia (perfectamente documentada) y algo de ficción para rellenar esos huecos que las crónicas han podido dejar y, para dejar volar la imaginación del lector, Esparza elabora una perfecta trama que crea adicción, con unos escenarios perfectamente imaginables y, como en la vida, personajes virtuosos con los que resulta fácil identificarse en algún momento, frente a personajes en los que la maldad, la codicia y la ambición sin medida, anidan en sus corazones dejando un rastro de daño allá por donde pasan.

  Finalizada la trilogía, no queda otra opción que agradecer a José Javier Esparza todo el esfuerzo que haya podido suponer su escritura y que ha dado como resultado un excelso aprendizaje de nuestra historia, una valoración de aquellas gentes que lucharon por la conquista de lo que creyeron que era suyo y que se les había arrebatado e  innumerables momentos placenteros con un libro en las manos, viviendo cada capítulo en primera persona mientras se hacía posible desconectar  del mundo actual para viajar a otras épocas y otros lugares.

  Ahora queda pendiente la lectura de  la trilogía  LA RECONQUISTA. Después de la presente  me he quedado con ganas de más conocimientos sobre ese gran hito de nuestra Historia.

¡FELICES LECTURAS!

Mónica H. Barbón